NanoFate: Y no sé por qué

Últimamente me ha dado por leer todo lo que hay en fanfiction.net sobre la pareja NanoFate. Tengo que decir que hay fanfics bastante buenos, pero no ha sido hasta esta semana cuando he dado con este, que se convirtió tras leerlo una sola vez en mi favorito.

Obviamente, no soy la autora. Los créditos le corresponden a Satashi, a la que además considero como la mejor escritora del tag. Si curioseais su perfil veréis que tiene una versión traducida de este fanfic, pero me pareció cutre y de Google e hice la mía propia desde cero, adaptando algunas cosas y dejándolo bonito, aunque respetando ciertos signos de puntualización originales (por gusto personal).

Sin más, espero que os guste tantísimo como a mí. Así es como siempre he visto yo el NanoFate.

“Y no sé por qué”

Todo empezó en el momento en que nos conocimos, hace mucho, mucho tiempo. Tú eras mi enemiga, mi rival, mi oponente. Lo único que quería era vencerte y obtener lo que haría que mi madre me aceptase. En cambio, tú no querías luchar contra mí, no querías hacerme daño. Tú querías ser mi amiga, ayudarme, tocarme. Con el tiempo lo comprendí y dejé que cogieras mi mano y me salvases de mi infierno. Te debo mi vida, ya que sin ti no estaría realmente viva hoy. Me defendiste y te esforzarte por darme la libertad en el mundo que no había disfrutado hasta entonces. Aquel día en el puente me enseñaste algo: qué era la amistad. Intercambiamos nuestros lazos, y nuestros dedos se tocaron. Algo se despertó en mi pecho, y quise decírtelo, pero no lo hice, y no sé por qué.

En los siguientes meses, nos enviamos cartas continuamente. Cada una de ellas hizo que mi corazón saltase de alegría, y todavía hoy las guardo en mi cuarto. Me mostraste cosas sobre ese mundo, me presentaste a nuevos amigos, me diste una razón para seguir adelante. Comenzó muy despacio, ni siquiera yo lo entendí, pero mis sentimientos fueron creciendo. Sonreiría si escuchase tu voz estando sola en mi cuarto. Tú estabas ahí para mí, aunque estuviésemos muy lejos, y eso era lo que había deseado toda mi vida. Me aceptase. Me dolía el corazón al verte. Me moría de ganas por decírtelo, pero no lo hice, y no sé por qué.

Nuestro reencuentro no fue como habíamos imaginado. Después de tanto tiempo separadas, nos reunimos para despedirnos de nuevo. La batalla fue muy dura para mí, ya que estaba muy, muy preocupada. Pero lo superamos, y pudimos hablar de nuevo. Nuestro segundo abrazo. Te sostuve cerca de mí en aquella pequeña habitación, y todo lo que había sentido durante aquellos últimos meses amenazaba con escapar en ese momento. Podría habértelo dicho entonces, aquellos fuertes sentimientos, pero no lo hice, y no sé por qué.

La primaria, la secundaria, el bachillerato… pasamos todo aquello juntas, acompañadas del grupo de amigos que habíamos hecho a lo largo del camino. Descubrí qué era aquello de ser normal, de simplemente tener una vida corriente y las preocupaciones que la acompañaban. La gente se fijó en nosotras, y cada mes encontrábamos varias cartas de amor en nuestras casillas. Pero no me importaban, ni a ti tampoco. Respetando sus sentimientos, siempre contestábamos en persona de la misma forma: que no estábamos interesadas en una relación en ese momento. En mi interior estaba mintiendo. Supe entonces lo que no había sabido durante tanto tiempo. Yo te quería; quería abrazarte, besarte, sentirte. Siempre estábamos juntas, pero nunca de la manera que yo quería. Incontables veces estuvimos en la misma situación: mirándome con esos ojos, y hubiera sido la ocasión perfecta para decirte aquellas palabras en mi corazón… pero no lo hice, y no sé por qué.

Yuuno y tú os hicisteis novios, y para ser sincera, me sentía feliz por vosotros, a pesar de aquel dolor que sentía en mi corazón cada vez que os veía reír juntos. Todo el mundo decía que erais la pareja perfecta, pero yo no estaba de acuerdo. A pesar de saber que no sería la mejor para ti, a pesar de que sabía que Yuuno daría su vida por ti, sabía algo por encima de todo lo demás: nadie te amaría tanto como yo. Durante tus citas, cuando tenías el humor como una montaña rusa, en los buenos y los malos momentos, yo estaba ahí para ti. Siempre sonriéndote, siempre animándote, siempre queriéndote. Tus ojos buscaban los míos y me miraban como si quisieran algo. Las palabras nunca salieron de mi boca, y no sé por qué.

Tu boda fue increíble, asistieron muchísimos amigos. Había gente llorando, gente celebrando, gente riendo. La pareja perfecta se había convertido en una familia. Aquel día lloré muchísimo, tanto de felicidad como de pena. Él te trataría bien, te amaría hasta el fin de sus días, y te haría muy feliz. A pesar de eso, no podía dejar de pensar que yo también podía. Cuando me hablaste sobre el compromiso, me cogiste las manos y me miraste profundamente a los ojos, con esa mirada de siempre, que parecía buscar algo. Os deseé la mejor de las suertes, y no sé por qué.

Ahora que te habías ido, toda esa gente volvió a reunirse. Ahora nadie sonreía, solo se derramaban lágrimas por aquella chica que había fallecido a la temprana edad de veinticuatro años. Mi mundo se hizo mil pedazos, mi corazón se rompió, y mis lágrimas no cesaban. Poco a poco, los asistentes empezaron a dedicar palabras de despedida frente a tu ataúd, todos ellos recordando tu sonrisa, tus amables palabras y tu siempre presente risa. Mis palabras fueron las más cortas, a pesar de que yo era la persona que mejor te conocía. Todo lo que sentí, la manera en la que tocaste mi vida, no podían ser expresadas con meras oraciones.

Y entonces, justo antes de que fueses enterrada en aquella colina a la luz del atardecer, Hayate se puso de pie frente a todo el mundo, y tras colocar una rosa junto a las muchas que ya había, la líder de nuestra unidad sacó un pequeño libro que reconocí como tu diario, y anunció que leería un pasaje en tu memoria.

Te veo cada día en mis sueños y cuando estoy despierta. Incluso cuando estás lejos seguimos conectadas a través de nuestras mentes. Te quiero muchísimo, desde lo más profundo de mi corazón. Eres la persona más importante para mí, y daría cualquier cosa solo para verte sonreír. Cada mañana cuando me levanto deseo que este sea el día. El día en el que finalmente pronuncies esas palabras que quiero escuchar, el día en el que podamos amarnos plenamente. Te miro, buscando desesperadamente alguna señal, y siempre obtengo la misma sonrisa. Quiero que me lo digas, pero nunca lo haces, y no sé por qué.

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